Hayfer Brea reflexiona sobre el paisaje en cuanto argumento estético de la naturaleza y objeto de representación artística, lo que implica en su caso la interpretación formal y conceptual de la geografía venezolana. Un tema con importantes capítulos desde 1799, momento en el que desembarca en nuestro territorio Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland y, progresivamente en el tiempo, otros destacados científicos, naturalistas y pintores europeos que desde la mirada extranjera documentan con textos, dibujos y pinturas los lugares, la flora, la fauna y los modos de vida de los pobladores. Brea es un legítimo heredero de ese pasado histórico. La presencia del Ávila como principal referente natural de su Caracas natal y la cercanía al litoral han terminado por convertir la montaña y el mar en leif motiv de una obra sólida y lúcida en constante evolución.

En esta ocasión el artista plantea una aproximación al paisaje a través del concepto de horizonte, un vocablo que proviene del griego orixo y significa terminar o limitar. En su acepción más común describe la línea que visualmente parece marcar ―aunque se trata solo de una percepción irreal― el confín entre la tierra y el cielo o entre la tierra y el mar, si estamos situados en la superficie de la tierra o en sus aguas, respectivamente. A finales del siglo XVII la literatura lo libera de la noción de «límite» para asociarlo a la de «extensión» y lo presenta como un espacio inalcanzable en su largo camino al infinito. Un lugar indeterminado en la lejanía. Un plano que inventa el ojo cuando percibimos algún paisaje.

Hayfer Brea
Hayfer Brea

Brea afronta el horizonte desde la «línea imaginaria» que esboza la superficie del agua, lo que supone el estudio y la representación referencial de nuestras fuentes hídricas más caudalosas: los lagos de Valencia y Maracaibo y el mar Caribe. Con este propósito, actúa guiado por el placer del viaje y la observación razonada de la naturaleza; una actividad en la que el entorno impone un sistema de relaciones que involucran lugar, espacio y tiempo, y el horizonte se convierte en una presencia inconmensurable que demanda ser representada. Esta experiencia lo induce a desarrollar un trabajo creativo sustentado en los fundamentos teóricos y la libertad formal con la que asume la obra de arte. Una mirada actual en la que el artista, más allá de la belleza natural per se, plantea una retórica visual encauzada a intelectualizar e interiorizar la naturaleza.

Esta dinámica genera una representación sensible del paisaje como reproducción y transfiguración del ambiente. En el primer caso mediante registros audiovisuales y fotográficos que constituyen una suerte de acción performática, un «relato» donde el recurso lingüístico —como enunciación tautológica― remite a la autorreferencialidad de la obra y al reconocimiento del contexto. El segundo responde a la subjetividad del autor para recrear la realidad ―por medio de materiales inherentes a la naturaleza: carbón, piedra, agua― como gesto expresivo y discursivo. De esta manera, las imágenes potencian el horizonte marino como sujeto de la investigación plástica y objeto de contemplación; un reflejo del poder evocativo del agua y la atmósfera como entidades imponderables. Escenas panorámicas que arroban por su sublime desmesura, o esquemas «instalativos» que definen una síntesis proverbial de las formas. En estos términos, el paisaje «como constructo» viene precedido de ideas cuya realidad se hace más o menos concreta o abstracta en la medida que construyen sentido y significado para acceder a nuevos valores y expectativas.

Las prácticas procesuales revelan la capacidad inventiva del artista para proponer un discurso visual acotado entre los márgenes conceptuales del paisaje. Mientras, desde otra dimensión, nos convida como espectadores a ubicarnos en un punto del espacio expositivo en el que el horizonte de las obras ocupan el nivel de la visión, un fenómeno dirigido indefectiblemente a la percepción de la «línea imaginaria» que, bajo diversas consideraciones plásticas y técnicas, aspira producir una emoción estética. Así, el universo paisajístico de Hayfer Brea queda signado por una serie de situaciones, vivencias y documentos que componen la estructura conceptual y metodológica, y el objeto artístico procura alcanzar la cualidad poética propia de la naturaleza.

Texto de : Luis Velázquez para la exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de caracas

Hayfer Brea
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