Por Wilson Prada

El encuentro es una parada en la vía. Bajamos del bus y nos miramos de foto a foto, de gesto a gesto. Los abrazos salen a buscar espaldas que parecían escasas u ocultas ante tanto grito pasajero en las redes. Lo importante es que este encuentro nos hace visibles, existentes. Nos hace fotógrafos y nos permite buscar rendijas en esta visualidad avasallante.

Escuchamos durante tres días un lenguaje distinto: el de la investigación, el de las relaciones de la fotografía con la historia, con el arte, con la arquitectura, con el cuerpo, la política, y la foto misma. A través del maestro Ricardo Jiménez estudiamos el contexto que producen las firmas y su atadura a la autoría, una muestra de experiencia en la búsqueda de la nocturnidad y su relación con la luz. Antolín Sánchez nos llevó a ver que somos responsables de la reflexión que nuestras imágenes provocan en el otro. ¡Es la imagen anterior al verbo? ¡Es la fotografía un arqueo de seiscientos años de construcción de un imaginario? Por su parte Alexis Pérez Luna recurre a sus archivos para mostrar una vida de asombros y proyectos. Ellos tres no sólo disertaron en torno a sus motivaciones, sino que lo expresaron visualmente en tres muestras de muy alta factura.

Foto Wilson Prada
Foto Wilson Prada
Foto Wilson Prada
Foto Wilson Prada

Ah! No estuviste. ¡Cómo va a ser! Volverás a tocar ese obturador sin este aprendizaje? No encontraste la ruta que Hayleen Quiñones nos dio desde «Hay fotografía»?. Este pudo ser un inicio para otra mirada. La del archivo de Vilena Figueira, la del joven consejo de Arispe, la de descubrir de la mano de Elizabeth Marín que la historia parece repetirse desde el viejo Peach Robinson hasta ¨´´el hombre bola´´ de Nelson Garrido.

Debo decir que ampliamos nuestro horizonte temático con el análisis del espacio de Dianayra Valero, las investigaciones de María de los Ángeles Castillo o el magistral aporte a la contemporaneidad de Manuel Vásquez Ortega.

Además es importante acotar que encontramos la ruta de la experiencia estética con el impacto que nos causó la obra de Hayfer Brea o la misteriosa mirada de Arnaldo Utrera. La luz caribeña de Amilciar Gualdrón o la piel reescrita de Iaranavi Navarro todos ambientada en la imponente y a la vez serena museografía de Alberto Asprino y los aportes de Lunes, Yuri Liscano y de tantos otros que ocultos tras el telón no conocemos. Este salón dará mucho de qué hablar durante estos meses por su calidad y sus aportes a la fotografía nacional (al menos eso nos ha expresado Germán Malpica cuyos análisis siempre dejan el equilibrio necesario entre un aprendizaje y una duda por lo que este muestra será objeto de un escrito aparte).

Los encuentros nocturnos permitieron el disfrute del documento de Inger o de la relación entre fotografía y grabado de Talmor. Tal vez este sea otro inicio para muchos de los asistentes que ahora comprenden que la fotografía apenas comienza en el disparo para iniciar un larguísimo camino de regreso a los ojos del sujeto. Ese que observa y lee la imagen como si fuera un texto frente a él.

Fue muy importante el encuentro con Chema Madoz desde la poética presentada de manera pausada y gratificante por María Alejandra Ochoa así como la memoria tan distinta de nuestros pueblos hermanos en los que la imagen fotográfica, tal como nos dijera Juan Diego Pérez, representa desde la posesión no compartida, hasta el amuleto de quien inicia una vida familiar aparte. Aun respiro el ambiente andino de hogares compartidos con Erin Holland una hermosa mujer fotografa que busca espacios en los que su espiritu aquiete por instantes su mirada errante.

Luis Cobelo colocó el mástil de este barco con una exposición de retratos que abarcó una ciudad acostumbrada a sus paredes llenas de consignas pero que ahora, se convierten en soportes de seres pequeños cuyas espaldas reposan en las columnas de la ciudadela, retratos-interrogantes para ser vistos, intervenidos y, en algunos casos, hasta destruidos para dejar constancia de que no son inocuos; por el contrario, golpean el espíritu del caminante.

Pero todo mástil nos lleva la existencia de un símbolo hecho bandera. y allí, estuvo la impresionante presentación de Alejandro Cartagena quien, esta vez, nos hizo volver a los inicios del proyecto que asumimos con la primera cámara y que hemos dejado de lado en el andar del día a día. Cartagena nos ha hecho ver que somos sensibles ante el dolor. Que aún queda asombro en nuestros ojos y que tal vez lo que hemos dejado en el camino es la paciencia la perseverancia y la responsabilidad que tenemos con la historia. El que tuvo la oportunidad de ver su trabajo, sabe ahora que el jijiji y el jajaja, el like brutal y el apocalíptico seguido de muchos signos de admiración, es un pasado cada vez más lejano. La sociedad está allí al lado. Sí allí donde tu ojo izquierdo mira inquieto tratando de explicarse tu existencia.

Foto de Kevin Corredor
Foto de Kevin Corredor

Marcel y Mariana, Elizabeth y Asprino intentan el descanso tras una jornada intensa en la que, de parte nuestra, hacen falta muchas manos, recursos económicos, solidaridad fotográfica, desprendimiento de egos que sólo ven el pasto verde para hacer contraste.

Tal vez ya no importa si tu asunto es el arte o el documento, el registro o la memoria, la reproducción exacta o la captura del sueño; lo que ciertamente importa es que hay un momento histórico que entender, uno que enfrentar desde lo denotativo o dese lo sugerido; pero, hay que enfrentarlo con valentía.

A mi parecer esa ha sido la lección de esta edición de Méridafoto. Yo estuve allí y pude rehacer mis convicciones además de revisar mis ideas a veces contemplando desde lejos a los que, como el chico del afiche, dejaron pasar el vagón del metro.
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Unas cuantas cosas que corregir, Sí es cierto: desde la alta velocidad de la lectura de algunas ponencias, hasta la densidad de algunas de ellas que sobrepasaban el consenso semántico con la sala. Algunos asistentes extrañaron un breve receso al menos cada dos ponencias para digerir la información. Otros expresaron su deseo de establecer debates con los expositores en fin. Nada para morir. Nada estructural. Todo puede subsanarse con el concurso de quien lee estas líneas.

El reloj inicia un contador que va en reversa. Apenas quedan 360 días para volver a Mérida de mano de estos extraños seres que han cambiado su vida para dirigir la luz hacia tus ojos de fotógrafo.

Wilson Prada

Wilson Prada
Wilson Prada (San Cristobal, 1958) Estudios Realizados: Fotografía. Centro de formación Audiovisual, Nueva Esparta 1981 Biología, IUPEMAR, 1986 Conservacion y restauración de fotografía del siglo XIX La Habana, Cuba 1994 Fotografia editorial. Casa de las Américas La Habana, Cuba. Comunicación Social UNICA, 2011 Ha realizado cursos y talleres de Portafolio, Conservación, Estética e Historia de la fotografía con los maestros: Nazareth Couri de Brasil Héctor Méndez Caratini de Puerto Rico Sandra Baruki de Brasil Boris Kossoy de Brasil Pablo Ortiz Monasterios de México María Teresa Boulton de Venezuela Sagrario Berti de Venezuela Pedro Meyer de México Mario Moino de USA Francois Soulages de Francia

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