Cuando vemos la realidad por medio de una cámara, intentamos ver lo que nos rodea; pero qué hay de los mini universos que habitan individualmente en cada mundo. 

Hasta ahora, se ha señalado que la fotografía viene a representar modos de ver, realidades alternas y cuestionamientos sobre lo verdadero. También se ha puesto en mesa la discusión de cómo estamos condicionados por la cámara, qué tanto observamos a través de ella. Cuando somos conscientes de la imagen que se crea, estamos activando todos los sentidos, es decir, estamos sintiendo la imagen y lo mismo cuando somos solo espectadores.

Había pensado alguna vez en vaciar la mirada. Para meditar en la imagen, digamos que tendríamos que generar un ritual tan cíclico como básico: hay que vaciar el cuenco (ojo), para que se llene cada vez más y con esto sumar grados de consciencia.

Aquí no se observa sólo la imagen, aquí se medita en la imagen.

Las posibilidades de ver, aumentan cuando los referentes dejan de existir. Y poco a poco, emergen más las experiencias estéticas, se convierten en un estado. Por ejemplo: el concepto de lo bello, ya no es sólo un canon que determina a un objeto, se convierte en un estado del alma y del cuerpo. Piensen en cuando tienen miedo, esa sensación en el estómago, la aceleración en el pecho, una gota de sudor recorriendo la piel, lo físico y lo emocional, sucede al mismo tiempo, así sería con cada experiencia, porque la imagen detona y la mirada lo siente.

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© Masao Yamamoto, Bonsai #4009



Uno de los fotógrafos que admiro es Masao Yamamoto. Cuando el alma no se aquieta, recurro a sus imágenes. ¿Porqué? La respuesta es simple, hay una fragmentación del tiempo, sus imágenes generan esa concentración en el aquí y el ahora, aumenta la imaginación y los sentidos se agudizan, simplemente me sobrepasa. En su obra Yamamoto hace una recolección de mini universos; para entrar en ellos haría falta conocer el concepto de miniatura, que alguna vez Gaston Bachelard generó en su obra “La poética del espacio”[1989]. Para Bachelard, “La miniatura es uno de los albergues de la grandeza”p.192 Y es justamente que estamos acostumbrados a las impresiones grandes; que en vez de acercarnos nos invitan a alejarnos, aunque se les observe, no se ejerce la acción de adentrarse, de ir a buscar. Aquí en sus imágenes la poesía juega, hay que tener cuidado, pero adelante, se puede entrar con confianza.

El trabajo de Yamamoto, hace justamente un grado de consciencia: movimiento y silencio. Hace que tratemos de observar más y ver menos

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© Masao Yamamoto


La imagen puede ser un grado de consciencia en despertar ante nosotros.

El saberse mirado y al mismo tiempo el saberse observador o voyeur del mundo, es una transición y conexión, las imágenes vienen a recordarnos las conexiones en nosotros. “Sólo podemos decir tautológicamente ‘Veo lo que veo’ si negamos a la imagen el poder de imponer su visualidad como una apertura, una pérdida – aunque sea momentánea- practicada en el espacio de nuestra certidumbre visible al respecto. Y ciertamente es desde allí que la imagen se vuelve capaz de mirarnos” Georges Didi – Huberman. Lo que vemos, lo que nos mira [1992]. La imagen puede ser un grado de consciencia en despertar ante nosotros. El trabajo de Albarrán Cabrera, recae en esto. Sus universos vienen a reflejarnos que existe un orden dentro del caos; cuando sucede un derrumbe, también hay armonía dentro del mismo, las réplicas de ondas en un lago a causa de una gota que cae, son espejos de latidos que bombean y se repiten.

Con Albarrán Cabrera, puedo encontrar una perfecta sincronización de miradas. “Un día Krishna abrió la boca y en ella pudo verse el universo entero” esto es lo que los fotógrafos fueron a observar, lo que quisieron decir con su serie “The mouth of Krishna”, esto es lo que nosotros observamos y esto es lo que nos observa. 

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© Albarran Cabrera, The mouth of Krishna


Cuando estamos por accionar a fotografiar algo, poco nos percatamos que ese algo ya nos estaba mirando, ya nos estaba hablando desde lo lejos. Podríamos intuir un instante fenomenológico en cada relación que tenemos al momento de hacer una imagen. 

Existe una eterna regresión que puede traducirse en seguir avanzando.

«The Splitting of the Chrysalis & the Slow Unfolding of the Wings» de Yorgos Yatromanolakis habla de su regreso a casa, una nueva búsqueda de volver a existir. En Walden [1959] Henry David Thoreau señalaba ese acto de reencontrarse nuevamente. Thoreau, se alejaba para verse en relación en que observaba la naturaleza. Existe una cierta similitud de esta acción en el trabajo de Yorgos, en su serie hay una búsqueda, un camino, que trae consigo una cosmología, leyendas, mitos, tiene un ritmo acelerado; como cuando se corre y no se ve por completo, pero llega un momento en el que te detienes y lo que se había quedado atrás te alcanza y sobrepasa, te impulsa a volver a correr de nuevo, la pregunta sería ¿hacia qué dirección?

Cuando se dirige la mirada hacia atrás, hay momentos que se despiertan, temblores internos, y para afrontarlos, se vuelve a coexistir en ese lugar e instante en el que emergieron. 

© Yorgos Yatromanolakis, «The Splitting of the Chrysalis & the Slow Unfolding of the Wings»


Para meditar en la imagen existe la noción de: movimiento y silencio, observación, transición y conexión, por último emerge un reconocimiento de constante regresión. Podría decirse que una imagen debe cumplir con opuestos y afirmaciones, como el caos y el orden; ambos se necesitan para existir. Si nos enfocamos un día en meditar en la imagen, podemos ser cada vez más conscientes de nuestro hacer fotográfico. “Arbus tomaba fotografías para mostrar algo más simple: que hay otro mundo” Susan Sontag. Sobre la fotografía [1977] Puede que la imagen vaya un paso adelante o puede ser que nos alcance y llegue con una gran carga, en nosotros está el cómo vamos a observar y cómo vamos a interpretar, ese mundo a través de la mirada, y después cómo vamos a adentrarnos más en mini universos.

“…basta que una persona gire sobre sí misma, con los ojos cerrados, para que se sienta completamente perdida en este mundo.- Todo hombre tiene que consultar la brújula cada vez que despierta, lo mismo si es de un sueño, que de un estado de abstracción. Sólo cuando estamos perdidos, cuando hemos perdido el mundo- empezamos a encontrarnos a nosotros mismos, nos damos cuenta de donde estamos.” Walden [1959] Henry David Thoreau, p 179

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