Desde la década de los años cuarenta Nacho López se forjó como un autor múltiple en la fotografía. Conocido como un creador que trabajó dentro del fotoperiodismo y el fotodocumentalismo, en realidad fue mucho mas allá.

Realizó experimentaciones que para entonces convocaban a las vanguardias fotográficas de los años treinta, a partir de las cuales creó una nueva propuesta visual. Como cineasta independiente obtuvo reconocimientos significativos, asimismo realizó documentales para organismos como el Instituto Nacional Indigenista, donde produjo un sensible trabajo que lo acercó a los universos indígenas de manera humanista, mostrando otro México. Fue uno de los mayores representantes de esa corriente. En el mundo de la danza contemporánea, Nacho López desarrolló un estilo personal para captar el movimiento, así vemos cuerpos de bailarines en grandiosos ambientes espaciales, oleadas de manos y pies que convergen en un registro sublime.

Nuestro artista se convirtió en la llamada época dorada de la danza mexicana, en su mejor intérprete. A lo largo de su vida mantuvo la docencia como una de sus principales pasiones, su paso por la Universidad Veracruzana deja testimonio de ello. Desarrolló textos teóricos que dan cuenta de su postura artística e intelectual.

Mientras, la Ciudad de México, gran protagonista de su obra, se convirtió en un espacio donde los ciudadanos interactuaban con la urbe, en donde unos eran los actores y la otra, el gran escenario que lo motivó a generar interacciones para establecer un diálogo entre la ciudad y su gente. Nacho López con sus propuestas visuales y múltiples investigaciones y experimentaciones, se convirtió en un autor total para la fotografía y el arte mexicano.

José Antonio Rodríguez / Alberto Tovalín Ahumada.

Nacho López

A partir de los años cincuenta del siglo pasado, la Ciudad de México fue para Nacho López un espacio de representaciones.

Todo lo de aquella urbe que comenzaba a crecer lo registró. Lo vio todo de manera sistemática: los edificios emblemáticos que comenzaban a definir en su trazado y altura a una ciudad; la alegría y fragilidades de los barrios bajos; la desazón y la soledad de los seres más relegados y desprotegidos; la cotidianidad vuelta ya tránsito de multitudes; el gozo que perduraba a pesar de todo; la pobreza y la fe de una ciudadanía que poseía aún esperanza, el mundo de los desposeídos se volvió tema esencial en el fotógrafo; lo amoroso que también se encontraba aquí y allá; mientras que lo festivo y las elegancias no faltaron en su obra. Fue significativo que Nacho López, —vuelto también escritor— le dedicara un poema a la ciudad, siempre la Ciudad de México que recorría permanentemente para develar sus contrastes. El poema es “Yo, el ciudadano”, que se volvió un canto melancólico, un sentir a esa urbe que lo envolvía a él y a los ciudadanos de entonces.

“Polvo y gasolina/ Concreto, asfalto y empedrado/ Telarañas de hierro…/ Azoteas erizadas de antenas/….Una ciudad del mundo como cualquiera, apretujada de gente….Hermosa ciudad universal”.

Años después de haber escrito lo anterior volvió a confirmarlo: “La Ciudad de México ofrece cada día poliedros insospechados; aceptarla como es, aunque renegando de ella, ha sido y es uno de mis tantos amores fotográficos”.

Nacho López

Nacho López se adentró profundamente en el universo indígena. Al pensar y teorizar sobre el acto fotográfico en este contexto, su visión se decantó por una postura social.

Dentro de esos espacios de vida y cultura: “…la cámara fotográfica —escribió— puede ser un instrumento de agresión o un enlace de amistad. En el primer caso, el fotógrafo turista que llega a las comunidades indígenas con la carga de sus propios prejuicios, dispara su cámara como un rifle, sin ninguna consideración.

Estas fotos valen un centavo la docena y son aprovechadas por las revistas extranjeras para presentarnos como un país somnoliento pleno de exotismo. Cuando la cámara es un enlace de amistad, de legítima intercomunicación, el fotógrafo asume una gran responsabilidad y un compromiso que implica un compromiso de análisis”.

Intelectual como era, siempre pensó en el mundo indígena como un espacio de enseñanza y aprendizaje. En su obra, logró plasmar durante gran parte de su vida, esos territorios vitales de personas en convivencia con su entorno de marginación ancestral.

Nacho López

En 1948, con apenas 23 años de edad, Nacho López viajó a Caracas, Venezuela, para dar un curso en técnica fotográfica en la Escuela de Periodismo de la Universidad Central.

Durante ese período realizó una serie de experimentaciones, esencialmente simbólicas, donde los objetos, espacios y cuerpos producían una interacción entre sí. En diversos trabajos como lo eran sus autorretratos evocó nuevas visualidades que abordaban lo simbólico. Llegó a realizar múltiples fotomontajes, imágenes abstractas sobre cuerpos y objetos. Integró en sus composiciones a la palabra, a partir de la cual produjo imágenes abstractas y textos-poemas.

En 1981 —cinco años antes de su fallecimiento—realizó una serie extraordinaria conocida como Vasedactigrafias con ayuda de su esposa, Lucero Binnqüist, imágenes sin cámara en donde sólo la emulsión sensible del papel actuaba sobre el cuerpo de su mujer. Nacho López siempre mantuvo una búsqueda hacia las propuestas experimentales.

En la década de los años sesenta, Nacho López colaboró de manera muy cercana con el escultor mexicano Pedro Cervantes. Juntos realizaron diversos trabajos, buscando un nuevo lenguaje visual, por ejemplo al trasladar por las calles de la Ciudad de México la escultura de un gallo para provocar el azoro de los transeúntes. A estas propuestas, la crítica de arte Raquel Tibol llamó «actividad conceptual antes del conceptualismo». También realizaron a dos manos, dibujos e intervenciones químicas sobre papel fotográfico sensible. Esta es la primera ocasión que esta obra de trazo dibujístico y fotográfico se exhibe al público.

Nacho lópez

Desde finales de los cuarenta, la fotografía de danza se convirtió en parte integral de la producción de Nacho López.

Participó con el gran núcleo de artistas que dieron un intenso impulso a la danza, como los creadores plásticos Carlos Mérida, Arnold Belkin, Miguel Covarrubias y los compositores Carlos Chávez, Silvestre Revueltas y José Pablo Moncayo entre otros, quienes brindaron su propia creación para enriquecer la producción coreográfica.

Nacho López realizó series exhaustivas de obras como Zapata de Guillermo Arriaga, Redes de José Limón, La Manda de Rosa Reyna, Tózcatl de Xavier Francis, y sus imágenes se convirtieron en la visión icónica de aquella primera danza moderna mexicana.

Nacho López le ofreció a la danza un movimiento revelador, convertido en imágenes detenidas. Imágenes donde los personajes se volvían sombras fugaces y se percibía el flujo del movimiento. En donde las coreografías eran una fuerza que el fotógrafo congelaba en un preciso instante de verdad.

Nacho López

Como creador humanista que era, Nacho López se adentró en diversos medios, entre los que destaca el cine. Su producción fílmica se conoce poco.

Si bien no logró ingresar a la industria de la cinematografía mexicana debido a los cotos de poder de la época, realizó filmes tanto experimentales y de ficción, como documentales de temática indigenista.

Entre estas películas se encuentran: Todos somos mexicanos (1958), En algún lugar del mundo (1959) y Los hombres cultos (1972); con esta última obtuvo un importante reconocimiento otorgado durante el IV Festival Internacional de Cortometraje en México.

Recientemente se ha recuperado parte del material fílmico que integraría un documental sobre la vida social y política al triunfo de la Revolución Cubana en 1959, considerado por él mismo como su proyecto mas ambicioso y entrañable, artística e ideológicamente. La imagen en movimiento fue punto de partida y de convergencia en toda la obra de Nacho López.

*Texto de la exposición Nacho López, Fotógrafo de México

FUENTE: Texto e imágenes http://museopalaciodebellasartes.gob.mx/

Visita la exposición Homenaje a Nacho López en el Palacio de Bellas Artes del 15 de abril al 10 de julio de 2016.

Deja un comentario