Pido, Prometo y Pago texto de Eduardo Segura sobre las fotografías de Jorge Luis Santos.

¿Cómo puede un humano sostener una crueldad de este tipo de manifestaciones sin quedar expuesto a su cuerpo, alma y sentimiento?

Ya sea dentro de lo real, imaginario o virtual, el cerebro ante estas imágenes las toma como veraces, crueles, simbólicas y hasta contestatarias de un estado de calamidad humana que el ser viviente está padeciendo en estos días.

Llámese opresión, castigo, miseria, obstrucción, esclavitud, todos sinónimos de una ceguera miserable de nuestros tiempos. Pareciera una ceremonia, pareciera un acto callejero o pareciera también una obra teatral sobre el humano de hoy en tiempos del cólera, la fiebre amarilla o la viruela negra pidiendo una gota de agua, un poco de comida o quizás un cariño al corazón.

Las imágenes de Jorge Luis Santos no son ni más ni menos que una transparencia de un alma sensible a representar un circo ceremonial que habla de una pornografía social. Bellas por la misma realidad que sin juzgar, ponen en evidencia esa misma transposición del hombre como objeto de mustio padecer diario.

Estas imágenes me llegan sin intención, al corazón por ser vívidamente mortales y también trascender el mismo espacio de la eternidad de un grupo de manifestantes que piden asilo en sus creencias.

«Pido, prometo y pago», es un disparo atómico y doloroso al plexo solar, oscuramente trabajado , oscuramente iluminado, oscuramente sentido.

Jorge Luis Santos
Jorge Luis Santos

La exposición Pido, Prometo y Pago de Jorge Luis Santos estará en la Galería tres y 3 de Caracas a partir de este 14 de abril.

El proyecto muestra una serie de imágenes capturadas por el autor durante la Semana Santa desde el año 2009 al 2016 en las localidades de Villa de Cura – Estado Aragua, Tinaquillo – Estado Cojedes, Chacao – Estado Miranda y Distrito Capital de Caracas, en Venezuela.

«En mis recorridos por el interior del país, conseguí hombres sin camisa con las manos amarradas a la espalda, que caminan descalzos por horas sobre el asfalto candente de su pueblo. Damas vestidas de inmaculado blanco que caminan descalzas de espalda a las imágenes religiosas que veneran y desatan nudos de cuerdas con significados sincréticos. Grupos de hombres y mujeres que se arrastran por horas en el asfalto, bajo un sol inclemente por las calles, descalzos y atados de manos» Comenta Jorge Luis sobre sus fotografías

 

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