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PORTAFOLIO #10 Martín Castillo Morales

por Fanny Pirela Sojo

Martín Castillo Morales nació en 1976 y es fotógrafo. Su nombre viene de Marte: no él, aunque todo indica que su humanidad viajante y hedonista proviene también de un planeta distante. Hasta ahora se sabe que nació en San Felipe, creció en Barquisimeto y descubrió en San Cristóbal las artes fotográficas y amatorias que lo llevaron luego a Madrid, Londres, Aix en Provence, Caracas y Buenos Aires, a donde llegó en 2007 y vive hasta el día de hoy. Nelson Garrido le mostró el medio expresivo y la disciplina, las fotos de Nan Goldin el camino y una imagen de Duane Michals la fuerza de la sencillez. Su trabajo ha sido visto y reconocido allá y aquí, y él espera que siga siéndolo, pero últimamente encuentra un goce particular en los minutos que dedica a mostrarlo mientras personalmente lo comenta. Comenta, no explica; porque no precisa salir de sí mismo para justificar su vida entre nosotros. –

La serie

WEBCAM O LA INTIMIDAD DE LA DISTANCIA

 

por Marianela Díaz Cardozo

No es lo mismo desnudarse frente al lente cuando son otros los ojos que te observan, desde el otro lado, desde atrás. Un detrás que es una pantalla completa, un continente entero, una voz apenas familiar; una voz sin hambre que invita a confiar. La serie Webcam, del fotógrafo venezolano radicado en Buenos Aires Martín Castillo Morales, nace en 2009 como una prolongación de la serie de retratos de mujeres desnudas en sus habitaciones Diseño Interior. Lo que comenzó como un artificio para conciliar la imposibilidad de las distancias geográficas con el empeño de seguir capturando mujeres en sus hábitats naturales, acabó por cobrar una vida propia, más particular e íntima, a través de cámaras web. Pero en Webcam se está sola, sin estarlo. Entonces el doble desnudamiento de cuerpo y espacio se potencia, llega más allá. Lo delatan las caras cómplices: relajadas, sonrientes, con una mezcla natural de excitación y timidez, pudor y deleite. Webcam es también una reflexión en torno al modo cada vez más común en que nos comunicamos: con pantallas como intermediarios. Es por eso que Martín entrecomilla la palabra fotografiar cuando habla de esta serie, pues, aunque para él lo es, “el hacer capturas de pantalla de una imagen que uno ve en la computadora no lo es tanto”. Por otro lado, Webcam es también un ejercicio de soltar un poco el control. Es preciso ceder ante limitantes obvias como la movilidad del equipo, la velocidad de conexión, la resolución de la cámara misma… y otras menos evidentes como dirigir a alguien, sólo con su voz, en un espacio donde a veces apenas cabe el ruido. Así surge esa ilusión de realidad cruda que se abre paso a través de los píxeles imperfectos de las “chicas web” de Martín y se instala en el ojo de quien las mira. En esa atmósfera de voyeurismo atizado, el fotógrafo se suprime, y uno se queda esperando el gesto, el movimiento inesperado, el descongelamiento de la cámara. Casi se las puede oír. Casi se escapa de los labios una frase tonta para decirles que son bellas.

 

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