El 12 de marzo de 2014 finalizada la versión 86 de los Premios Óscar, un grupo de actores posaron para un autorretrato usando la cámara del teléfono celular de uno de ellos, Bradley Cooper. La toma se convirtió en la imagen más difundida por internet en un tiempo record. Este fenómeno se tituló en casi todos los medios como “el selfi más retuiteado de la historia”.

De acuerdo al diccionario Oxford, selfi o selfie fue la palabra más popular en inglés en 2013 (no hay duda que en 2014 la tendencia se mantuvo). Su traducción al español podría ser autorretrato o más precisamente autofotografía. De esta manera se establece un vínculo directo con una larga tradición que remonta sus antecedentes a medios de representación originarios como el dibujo y la pintura.

Y debe decirse que en tiempos prefotográficos el privilegio de la autorepresentación estaba en poder sólo de los artistas, una limitación apenas rota con la invención del Daguerrotipo en 1839. Menos de doscientos años después, este dispositivo para la producción de imágenes fotográficas evolucionó de un modo tal, que las técnicas y los procedimientos de entonces son prácticamente irreconocibles si se comparan con los actuales, particularmente desde la aparición de la génesis digital.

No obstante el propósito de la imagen sigue siendo en esencia el mismo. La permanente evidencia del “aquí estoy yo”. Una afirmación convertida en certificación, y en la que no basta que el fotógrafo registre la realidad que atestigua (en una presencia tácita), sino que necesita dar prueba del gesto de construcción de la imagen en el mismo registro: un doble acto de afirmación. Pero además con una autonomía total. Ya no se requiere de un agente externo para la generación de las imágenes del fotógrafo experto, sino que el mismo participante de la situación tiene la potestad de fijar en la imagen la huella de sus acciones.

La técnica ya no es argumento ni excusa. El ojo del protagonista, que antes no podía retener sus percepciones, ahora con toda facilidad puede capturar las instantáneas, fijarlas como memoria y difundirlas a discreción.

Con todas estas evidencias, no es extraño que la palabra selfi esté suplantando el uso del término fotografía. Como si una foto fuera siempre un autorretrato. Tal vez porque en los tiempos de la sumaria disolución y movilidad de las identidades, este artificio nacido del código digital con sus millones de versiones de uno mismo (oneself), transfiere a la imagen el compromiso de darle densidad y fijación a un sujeto que en el flujo de la realidad siente el apremio de la inminente disolución del “yo soy”.

*Gabriel Vélez forma parte del consejo editorial de la Revista Enfoque Visual. Una de las más importantes publicaciones para Colombia y toda la región Latinoamericana especializada en fotografía, imagen y video, con la que compartimos contenido gracias a una alianza editorial con EspacioGAF.com. Si deseas recibir algunos ejemplares de cortesía de Enfoque Visual en su versión digital, envía un e-mail con asunto: DESEO UN EJEMPLAR DE CORTESIA a info@revistaenfoquevisual.com, incluye tu nombre, tu profesión y tu paÌs.
Gabriel Vélez
Maestro en Artes Plásticas de la Universidad de Antioquia, Doctor en Bellas Artes de la Universidad Complutense de Madrid y PosDoctor de la Universidad Nacional de Córdoba(Arg), trabaja como docente universitario, investigador y artista. Su obra se ha expuesto nacional e internacionalmente. Tiene una larga trayectoria como conferencista y ponente.

1 Comentario

Deja un comentario