Texto de Sala Exposición: “This Side Of Her” de Kevin Hassan

MOMENTO DE INTROSPECCION

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Al ver y observar con detenimiento esta serie de imágenes –por invitación del fotógrafo– no puedo dejar de pensar en las fotografías que E.J. Bellocq tomó en 1913 de sus amigas prostitutas en New Orleans conocidas como Storyville Portraits; casi condenadas al olvido si no hubiese sido por un golpe de suerte y por el ojo agudo de otro fotógrafo, Lee Friedlander, que las descubrió y rescató para darlas a conocer luego. Quien me las mostró por primera vez –las fotos de Bellocq– fue Cig Harvey, fotógrafa, profesora, brillante, independiente, feminista, bella, elegante y atractiva maestra del autorretrato. De hecho tengo una foto de ella que obtuve bajo el maravilloso método del intercambio, en la que ella aparece, según sus propias palabras en acento inglés británico, el original, “like a Bellocq Whore”. Se muestra a sí misma al lado de una cama, semidesnuda tapada por una sábana, desafiante y vulnerable ante la cámara. Lo importante a notar es que es ella quien controla su propia imagen de vulnerabilidad y la muestra ante el ojo ajeno. No es el mismo caso en las fotografías de Bellocq, ni tampoco en las de Kevin. No es lo mismo la mirada femenina sobre sí misma, que una mirada masculina sobre el rostro y el cuerpo femenino. En esta última hay demasiado espacio para la explotación.

Es aquí donde Kevin Hassan es exitoso eludiendo cualquier sensación de abuso o imposición. A través de su metodología, aparentemente no deja espacio para los malos entendidos, por el contrario parece establecer un diálogo entre el retratista y la persona retratada. La cámara de 4×5, con el trípode necesario, el fotómetro de mano, la tela negra y la lupa para enfocar a través del vidrio esmerilado hacen de cada foto un momento largo de contemplación. No hay oportunidad para hacer fotos al vuelo, ni robadas. Todo tiene que seguir un plan determinado en el que todas las partes están involucradas y conscientes del hecho fotográfico. Claro, hay posibilidad de que la persona retratada sea completamente ajena a lo que se está haciendo. Aunque no parece ser el caso. Se entiende por parte del fotógrafo, que hay una mínima instrucción, unas pocas palabras que invitaban a cada modelo a un pequeño silencio, a un momento de introspección, a un voltear la mirada hacia dentro de sí.

Con estas pequeñas estrategias y direcciones, Kevin crea un espacio de confianza para que el retrato sea posible y la colaboración, un hecho. Las modelos, aparentemente –ya que nada es seguridad en el documento fotográfico–, posan con confianza y entrega ante la cámara, sus cuerpos y sus vestimentas, su mirada a veces perdida y a veces atenta, los espacios sugerentes en donde se ubican con exactitud al igual que la composición de la cámara, de tal manera que nos permiten a los interesados, a los curiosos, a los cautivados, a los seducidos detenernos con nuestros ojos para ver la vulnerabilidad sincera de quien posa para la cámara y así, por tan solo unos instantes, replicar un acto similar al de retratar, mirar con pasión y curiosidad a través de la mirada fotográfica del retratista.

Ricardo Peña

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