Archiduque Leopoldo Guillermo en su galería_DavidTeniers

Probablemente tenga que iniciar citando a Walter Benjamin sobre su concepto de aura, “¿Qué es el aura propiamente hablando? Una trama particular de espacio y tiempo: la aparición irrepetible de una lejanía por cercana que ésta pueda hallarse”.  La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (primera redacción) Obras I, 2, p. 16

Ahora, no hace 80 años, estoy cuestionando una reproducción fotográfica porque visiblemente es lo que sucede con la imagen actualmente, se reproduce, se copia, se apropia y se vuelve a reproducir, pero nunca hay una real producción. Si la imagen ha dejado de ser única y exclusiva, ¿Cuál es el objeto del arte fotográfico? ¿Qué debe suceder con la imagen para ser atractiva? Debe volverse un misterio.

Imaginen el valor de la galería del Archiduque Leopoldo Guillermo, cuánto misterio detrás de cada obra, una clara muestra del coleccionismo, mismo que aumentó con el tiempo. Las colecciones privadas salieron a la luz para ser subastadas, y la mitificación de la obra era por lo que se decía de la misma y no por lo que era realmente. Cómo podría distinguirse un cuadro original de una copia, a veces era fácil deducirlo, pero hay que centramos en fotografías.

Ahora, pensemos en “Rhein II” de A. Gursky históricamente ha sido una de las fotografías más caras en el mundo, pero ¿qué hay después del río Rhin?. Sin duda nunca tendremos una vista, como la que nos brinda Gursky, pues la sumisión de elementos hacia un paisaje ficticio, fue su valor real, no los 4 millones. Posteriormente, el aumento al uso de plataformas de edición digital se convirtieron en el nacimiento para la reproducción, pero ya no era un río, era cualquier cosa respaldada con la misma técnica de la obra “original.”

The Rhine II 1999 Andreas Gursky born 1955 Presented by the Friends of the Tate Gallery 2000

Las imágenes que se crean ahora, en dónde se guarda su misterio. Dónde se encuentra el poder y potencia de la imagen, en dado caso, necesito cuestionármelo ya que las necesidades principales como creador-espectador no se satisfacen. La toma de una imagen refleja una intención: qué quiero que vea el espectador, y qué quiero descubrir como espectador.

Una etiqueta con suma de ceros, ese es el misterio ahora de la imagen fotográfica, y hablo de la que lleva un promedio entre 10 a 12 tirajes, más de eso ya no es atractivo para el coleccionista. No quiero ser pesimista, las obras deben adquirir el valor que merecen, por sí mismas, por el discurso de la imagen, a diferencia de una pintura, las fotografías no pueden deslindarse entre un original y una copia, la reproducción distorsiona todo lo que se quiere decir.

 

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